Método 1: Germinación en servilletas (papel absorbente)
Es el más popular y fácil.
Pasos:
1. Mojá dos servilletas de papel con agua potable (mejor si es declorada o filtrada). Que estén húmedas, no chorreando.
2. Colocá las semillas entre las dos servilletas.
3. Poné todo dentro de un táper, plato tapado o bolsa tipo ziplock (dejando algo de aire).
4. Dejá en un lugar oscuro y cálido, ideal entre 20-25 °C.
5. Revisá cada 12-24 h.
En 2 a 7 días debería asomar la radícula (la raíz blanca).
Una vez que la raíz mide entre 1 y 2 cm, ya podés trasplantarla con cuidado al sustrato.
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Método 2: Directamente en jiffy (pastillas de turba prensada)
Ideal si no querés tocar las raíces.
Pasos:
1. Hidratá el jiffy en agua con pH regulado (ideal 6.0).
2. Hacelo hinchar y escurrí el exceso de agua.
3. Hacé un agujerito de 0,5 a 1 cm de profundidad.
4. Poné la semilla (punta hacia abajo) y tapá suavemente.
5. Mantené en zona cálida y húmeda.
En pocos días debería salir el brote.
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Método 3: En vaso con agua (pre-germinación)
Útil para semillas duras o viejas.
Pasos:
1. Poné la semilla en un vaso con agua a temperatura ambiente.
2. Dejá en un lugar oscuro, entre 12 y 36 h.
3. Si se hunde, es buena señal. Si se abre, pasá al papel o al jiffy directamente.
4. No dejar más de 48 h para evitar que se ahogue.
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Resumen general (paso a paso simplificado)
1. Hidratá la semilla: servilleta húmeda, jiffy o vaso con agua.
2. Dejala en calor suave (20–25 °C) y oscuridad.
3. Esperá de 2 a 7 días a que salga la raíz.
4. Cuando tenga 1-2 cm de raíz, trasplantá al sustrato.
5. Evitá tocar la raíz directamente. Mantené humedad y temperatura constantes.